
En esta octava de pascua reflexionamos sobre cómo el amor misericordioso de Dios se traduce en acciones concretas que transforman la vida de los más vulnerables.
Para nosotros, esta festividad no es solo un evento del calendario litúrgico; es la esencia misma de nuestra misión. En un país que conoce de retos y sacrificios, la misericordia se convierte en el lenguaje universal con el que abrazamos a quienes más lo necesitan, recordándonos que, aun en medio de las dificultades, la luz de la esperanza nunca se apaga.
El mensaje que Jesús confió a Santa Faustina Kowalska, “Jesús, en Ti confío”, resuena hoy con especial fuerza en cada uno de nuestros centros y proyectos. Confiar no es esperar pasivamente, sino caminar con la certeza de que somos instrumentos de una paz mayor. Para los voluntarios, beneficiarios y personas que forman parte de nuestra familia, la Divina Misericordia es el recordatorio de que nadie está solo y que el dolor del prójimo es, también, nuestro dolor.
La verdadera devoción a la Misericordia se manifiesta en las obras. En ARCORES Venezuela, vemos este amor divino reflejado en:
- La mano que entrega un plato de alimento con una sonrisa.
- El acompañamiento a nuestras madres solteras que luchan por un futuro mejor.
- La formación técnica que devuelve la dignidad del trabajo.
Ser misericordiosos, como el Padre es misericordioso, implica tener un corazón que se conmueve y manos que se ponen al servicio. Este 2026, celebramos que nuestra red sigue siendo un canal donde la misericordia de Dios fluye para convertirse en medicina, pan y consuelo.
¡Jesús, en Ti confiamos!



