Hablar de San Ezequiel Moreno y Díaz es hablar de un corazón profundamente movido por Dios y por el dolor humano. Misionero agustino recoleto, obispo y pastor cercano, su vida estuvo marcada por la entrega total al servicio de la Iglesia. Pero fue en la enfermedad donde su testimonio alcanzó una hondura especial que hoy sigue consolando a miles de personas.
San Ezequiel vivió en carne propia la experiencia del cáncer, una enfermedad que avanzó de forma dolorosa y progresiva. Lejos de encerrarse en el miedo o la desesperanza, asumió este tiempo como un camino de unión profunda con Cristo. Su fragilidad física se transformó en espacio de abandono confiado, oración constante y ofrecimiento silencioso.
En sus últimos años, el dolor no apagó su fe ni endureció su corazón. Al contrario, lo volvió más humano, más cercano, más consciente del sufrimiento de tantos hombres y mujeres que, como él, cargan una cruz pesada. Por eso, la Iglesia lo reconoce hoy como patrono de los enfermos de cáncer: porque no habló del dolor desde fuera, sino que lo atravesó con fe, dignidad y esperanza.
San Ezequiel nos enseña que la enfermedad no nos quita valor, que el dolor no nos separa del amor de Dios y que incluso en los momentos más oscuros es posible experimentar consuelo. Su vida es un mensaje para quienes luchan contra el cáncer, para quienes acompañan a un familiar enfermo y para quienes sienten cansancio, miedo o soledad en este proceso.
En él encontramos a un santo cercano, un hermano que comprende y que acompaña. Su testimonio nos recuerda que no estamos solos, que Dios camina con nosotros incluso cuando el cuerpo se debilita y que el amor puede florecer aun en medio del sufrimiento.
Oración a San Ezequiel Moreno
San Ezequiel Moreno,
pastor fiel y compañero en el dolor,
intercede por quienes hoy luchan contra el cáncer.
Abraza con tu ternura a los enfermos,
da consuelo a sus familias y fortaleza a quienes cuidan.
Enséñanos a confiar, aun en la fragilidad,
y a descubrir que Dios nunca nos abandona.
Amén.




